El viejo, con el poco pelo presente peinado para el costado derecho, lucía algo preocupado y pensativo, apoyando el mentón sobre la palma de su mano. Llevaba un saco verde bastante ecológico y una corbata de superman con un símbolo de reciclaje en el puño alzado, todo en fondo azul; camisa rosa y pantalones verdes naturaleza. Cosmar Raidel había marcado presencia en numerosos comerciales ecológicos, vestido siempre de verde y marrón, o viceversa. Apoyaba animales en extinción y era famoso por haber donado alguna vez en su vida la mitad de su fortuna en apoyo a una campaña para proteger a las ballenas azules y blancas. Cosmar tenía puestos unos anteojos con lunas gruesas, que daban un toque cómico a su cara, enfatizando los ojos grandes y saltones. Llevaba zapatos marrones de muy buena calidad y, como se pudo apreciar, medias largas y exageradas de rayas de colores.
-Bueno… ¿el público tiene alguna pregunta? – dijo el viejo indeciso alzando la vista y agudizándola.
El tumulto fue inmediato, todo yacía calmo, como un rompecabezas recién armado, hasta que el viejo aspira y sopla, agitando las piezas, alborotándolas.
El ajetreo se volvió insoportable, al igual que los codazos, las manos alzadas al cielo pidiendo la palabra y los insultos de unos contra otros. El viejo, sin saber qué hacer, alzó el índice y señaló a uno de entre la multitud.
-¡Vamos, haz la pregunta! – imploraba el anciano.
El barullo y el tumulto se tranquilizaban, las piezas volvían a su lugar nuevamente. Un tipo con casaca de cuero y jeans azules tomaba aliento antes de peguntar: -¡¿Es verdad, Truman Risk, que te abandonaron de pequeño?! ¡¿Qué pasó, como sucedió aquello?! – gritaba como acusándolo.
El humor del hombre invencible empeoró de inmediato.
-Prefiero no contestar.
-¡Pero debemos saber! ¡Queremos la verdad! – la voz del tipo resonaba por todo el salón, golpeando y rebotando contra los rincones de pared libres de gente.
-¡Hey, hombre, ya lo escuchaste!, ¡No quiere hablar de ello! Ahora déjalo en paz –decía el viejo agitando las manos, como quien ahuyenta a una mosca insistente - ¿Alguien más desea preguntar?
El viejo vuelve a soplar; las piezas se vuelven a alborotar. Periodistas neuróticos y desesperados tratando de alzar más alto la mano y de hacerse notar. Era una noticia importante, la demanda del reportaje era bastante elevada. El viejo alza la mirada y señala.
-¡Tú, muchacho, pregunta!
El barullo cesa, la multitud se calma.
Momento de preguntar.
-Bien, Cosmar, esta es va para ti.
-¿Para mí?, ¿Qué es, muchacho?
-¿Qué clase de entrevista es ésta? – pregunté tratando de lucir lo más enfadado posible.
-¿Cómo?
-Me has escuchado, ¿Qué clase de entrevista es ésta?
-¿A qué te refieres, muchacho? – el rostro del anciano comenzaba a cambiar, tanto de gesto como de color.
-Me refiero a que creí que teníamos un deber, señor: esclarecer el pasado de este aclamado personaje – dije señalando al hombre invencible – Y usted no ha esclarecido nada. Su incompetencia no tiene límites y, en lo que a mí concierne, no ha sabido llevar de buena manera esta entrevista. ¡Es una total pérdida de tiempo!
-¡¿Cómo te atreves, muchacho?! – el rostro del viejo volvía a mutar a un color rojo más intenso. Rojo pasión, como dicen.
-Pues me veo en la obligación de pecar de atrevimiento. Ha perdido usted una importante oportunidad de esclarecer un hecho en particular, uno imprescindible para cumplir el deber que mencionó.
-¡¿Y cuál es?!
-Lo que han preguntado antes que yo. Es un eslabón en el pasado de tu invitado, sin embargo has cedido a tu simpatía por él y lo has protegido censurando al público y a su curiosidad cosa que, como periodista, no debió jamás haber hecho. ¡Es importante saber de la infancia de nuestro invitado!
-¡Muchacho, si crees que puedes darme órdenes y hacerlo mejor que yo, entonces ven aquí, siéntate, y hazlo tú mismo! – dijo furioso de pie, señalando su silla y abriendo y cerrando con fuerza la dentadura postiza.
El viejo seguía rojo del enfado y con las venas de la cara hinchadas a más no poder, y todo había sido transmitido vía nacional. Yo sonreí. Había dado resultado, mi gran oportunidad habría llegado. Sin más preámbulos me abrí paso entre la multitud, en dirección a la gran mesa de caoba. El ex entrevistador pareció desconcertarse. En los últimos minutos su cara habría sido un espectáculo de gama de colores. Había pasado de normal a rojizo, de rojizo a más rojo, de más rojo a rojo pasión, de rojo pasión a rojizo y, finalmente, de rojizo a un abrupto e inmediato pálido. “Pido perdón por mi conducta impulsiva ante la audiencia” fue lo último que le oí decir al micrófono. Llegué a la mesa y el viejo se apartó de inmediato, como un gran títere controlado por alguna fuerza superior, siendo jalado por nudos y lazos invisibles. Tomé asiento en la gran y soñada silla de roble y suspiré, orgulloso y avergonzado de tal hazaña, que en serio lo era para mí.
-Discúlpeme por lo que dije, pero sólo así podría haber llegado hasta aquí – dije con un rojo avergonzado en el rostro – Es usted un excelente entrevistador, pero siento que aquí hay algo más que hacer.
-Está bien, muchacho, sólo espero que lo hagas bien, o me veré obligado a sacarte a la fuerza, y no usaré mis propias manos – volvió la mirada hacia dos tipos oscuros y anchos como macetas.
El gran icono salió de escena. Había admirado tanto a ese personaje, desde hacía tanto tiempo. El viejo se alejaba, con su camisa rosa, con su corbata de superman con ansias de reciclar y con sus verdes pantalones y su verde saco.
Volví la mirada hacia mi futuro entrevistado; me acomodé en la silla y apoyé las manos con dedos entrecruzados sobre la mesa, como alguien que está a punto de decir algo. Pero las palabras no salieron de inmediato.
Experimento: "Crónicas de un hombre invencible"- Parte 2
lunes, octubre 19, 2009Publicado por Ernesto Chirif W. a las 16:33
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario