Mi cuerpo se mantuvo inmóvil. Había calculado cómo llegar a estar sentado en aquella silla, pero no habría determinado cómo llevar a cabo una entrevista. Así es: la primera entrevista que jamás haya hecho. Sería monumental, y una crisis nerviosa me lo habría dejado en claro.
Luché contra el nervio, contra todo lo que pude. Imaginé que el viejo se aproximaría, seguido por los dos anchos hombres similares a macetas para asistirme o, simplemente, para echarme a patadas.
Al rato me tranquilicé y tomé las riendas con toda seguridad. Alcé la vista: el superhombre yacía quieto, en la posición donde lo había dejado, como una fiel estatua de Miguel Ángel.
-Truman Risk, empecemos.
-Ya era hora.
-Lo sé, discúlpeme.
-No se disculpe, sólo empiece. Aunque me gustaría saber su nombre antes.
-Yusded, Yusded Onel, mucho gusto.
-Lo mismo digo, bueno, ¿piensa comenzar hoy?
-Eso creo… Sr. Risk, ¿podría contestar la pregunta?, la que preguntaron antes, sé que no fue muy educado el que preguntó… pero aún así, ¿Fuiste abandonado de pequeño?, ¿Es eso cierto?
-Ya dije que no quiero hablar de ello.
-Bueno, no lo haga por usted ni por mí. La gente merece un poco de verdad.
Levantó las cejas y me miró con frialdad, con una mirada profunda, como si estuviera viendo de repente adentro mío, quién era y qué quería.
-¿Qué gente?
-La gente que lo admira y sigue… Verás, están los que quieren entenderte y ayudarte – dije levantando una mano con la palma hacia el cielo – y están los que quieren hacer de tu vida un circo que hace mucho, pero mucho dinero – levanté la otra mano de la misma manera, imitando una balanza – pregunta: ¿Cuál crees que vale más?
-Pregunta: ¿Me crees estúpido? – dijo toscamente y en tono sarcástico, estudiándome tras los pequeños lentes redondos – Diría que el primero, claro, si es que existiera. No tengo familia, no tengo amigos. No tengo a nadie que me espere en casa con un plato caliente sobre la mesa y una sonrisa cálida. No tengo con quién calentar la cama, está fría todo el tiempo… – muchas mujeres suspirarían al unísono, pensando algo parecido a: “Yo la calentaría contigo, oh, superhombre.” – Lo único que tengo es a un gato negro como la ropa que traigo puesta y, créeme, es a quien tengo más cerca. Pero, claro, el gato no habla y mucho menos… bueno, ya sabes, no hace “eso” – dijo levantando las manos y haciendo una mueca con la boca, mientras levantaba ambos hombros a la vez.
-Bueno, Truman, puedes incluirme en el primer grupo… y estoy seguro de que mucha gente se incluiría también. Truman, hay mucha gente que te admira y que quiere formar, de una forma u otra, parte de tu vida.
-Bueno, ellos no, definitivamente – dijo levantando el índice acusador en dirección a la prensa, los fotógrafos y camarógrafos, que seguían el dedo como algo celestial y comenzaban a bañarlo de luces y atención - …Y ahora probablemente saldré en primera plana diciendo algo que nunca dije con el dedo alzado.
-Truman, escúchame, realmente hay gente allá fuera que quiere ayudarte…
-Dios mío, Yusded, abre los ojos por favor. Es fácil estar en tu posición y decir que hay gente que quiere ayudar, pero vives en una realidad diferente a la mía.
-No estés tan seguro de aquello.
-¿Y eso?
-Bueno, yo hago las preguntas, Truman – dije agarrando valor – Me temo que esta entrevista es sobre ti. Ahora, ¿podrías responder la pregunta?, ¿Qué pasó en tu infancia?
-No importa mi infancia, y a la gente verdaderamente no le importa. Yusded, muchacho, si es que hay gente que conforma el grupo que según tú se preocupa por mí, ese grupo está conformado por niños fanáticos, como lo son de sus juguetes, ancianos aburridos, locos, y mujeres con algún fetiche o, mejor dicho, con un superfetiche.
-¿Vas a contarme sobre tu pasado o no?
-Hombre, ¿porqué tanta curiosidad sobre mi pasado?
-Pues porque la gente merece saber, y porque eres lo que eres gracias a tu pasado.
-Déjame adivinar… ¿psicólogo?
-Cerca, pero no. Truman, no nos desviemos del tema, por favor cuéntame.
-No.
-Es necesario, sé que duele, pero…
-No duele.
-Claro que duele. Dios mío, ¡Deja de aparentar ser invulnerable!
Los murmullos de desaprobación se desencadenaron. Las fotografías empezaron. Las cámaras me apuntaban y yo sólo deseaba no haber dicho nada, había “molestado” a la prensa, o les había dado, al menos, razones para criticarme. “¿Pero cómo que no es invulnerable, Yusded?” me dije en voz baja. El superhombre me sonríe.
-Te lo pongo así, muchacho: Me explicas porqué ansías tanto saber sobre mi pasado y, si me convences, puedes saber lo que quieras – dijo retándome.
En la yema del gusto. La prensa se alocó nuevamente, bastaron unas cuantas palabras y ahora me había convertido en el héroe del momento, que había logrado obtener la oportunidad dorada de saber el pasado del hombre invencible. “Adiós mala fama”, pensé.
-Trato hecho, Truman Risk – dije extendiendo la mano y poniéndome en pie. Él hizo lo mismo y, acto seguido, nos dimos un buen apretón de manos, sonriendo a las cámaras con las manos estrechadas en signo de mofa.
Experimento: "Crónicas de un hombre invencible" - Parte 3
viernes, octubre 23, 2009Publicado por Ernesto Chirif W. a las 8:44
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentarios:
"Y acto seguido", El Little Ché continúa escribiendo esta crónica.
PD: Mi alegría es inmensa al leerte, frecuentemente. Continúa así.
Publicar un comentario