"El Anticristo" - Pautas en contra del cristianismo

martes, octubre 20, 2009

“Se llama al cristianismo la religión de la compasión”, dice Nietzsche, y ésta no es más que, según lo que él considera, contraria al acrecentamiento de la energía vital. La compasión trae consigo más fatalidad y torna a la tragedia misma aún más grave, la multiplica y potencia; se genera un ambiente depresivo. El sentimiento de compasión limita nuestras acciones, nos debilita y sumerge en el hoyo de la decadencia, dejándonos moralmente inválidos para actuar. El sufrimiento se vuelve, también, contagioso por obra y gracia de la compasión. El dolor que se genera es absurdamente desproporcionado con respecto al que se supone debe generar la causa. En el cristianismo, como ejemplifica Nietzsche, la muerte del Nazareno representa un evento sumamente, valga decir un hito, en el cristianismo y su moral, y he aquí los pilares de dicha moral: La compasión y el sentimiento de culpa a causa de “quien murió por nosotros”. Es una carga fuerte la de asumir que alguien se sacrifica para salvarnos, y esta genera, a su vez, el sentimiento de compasión y culpa. Ambos sentimientos se tratan de unos totalmente contra-productivos. Tal vez es por esto que nos vemos obligados a tomar una moral prestada, y ser “moralmente esclavos”.
La compasión ha sido llamada una virtud, aunque en la moral aristocrática se la define como una debilidad. Asimismo, ha sido llamada la raíz y origen de toda virtud, esto, claro, desde un punto de vista totalmente pesimista, desde una filosofía nihilista cuyo lema era “la negación de la vida”. En resumen, Nietzsche define la compasión como “la práctica del nihilismo”.
Nietzsche no critica al débil mendigo, pobre o falto de recursos. Él critica al débil mental, al débil de conciencia, al débil que declina la voluntad de poder. Valga decir que la voluntad de poder puede ser tomada de modo abniguo, pero ésta no es más que el impulso vital, así como la inclinación a éste. El débil carente de inclinación hacia la volntad de poder es el que merece el derecho al repudio, ya que no se supera, no sale adelante. Lo contrario a éste criticado débil sería el denominado “superhombre”, un ser capaz de plantearse su propias normas morales.
Éste es uno de los puntos más importantes que Nietzsche critica acerca de la moral cristiana. El autor habla también de individualismo, mas no de egoísmo. Critica rotundamente las ideas morales Kantianas.
Nietzsche acepta la influencia teológica que corre por las venas de la filosofía alemana, con sus propias palabras: “El pastor protestante es el abuelo de la filosofía alemana y el protestantismo mismo es su pecado original”. Sin embargo, y tras haber afirmado esto, define al protestantismo como “la hemiplejía del cristianismo y la moral”. Cuando hablamos de hemiplejía, en sentido literal, nos referimos a la parálisis de la mitad del cuerpo.
El sacerdote católico cree ser autosuficiente, cree tener la verdad en la palma de sus manos, asumiendo estar encima de cualquier ciencia y arte.
Nietzsche critica tajantemente la moral establecida por Kant, que revolucionó el pensamiento alemán e incluso mundial. Kant fue protestante.
Kant propone, en resumen, que la virtud debe ser practicada nada más que por respeto a la “virtud”. Este no es más que un intento desesperado por universalizar la moral, así como sus conceptos prácticos. La moral no puede ser universalizada, tal vez, sí, teóricamente, mas no de forma práctica, como lo intenta el cristianismo, por ejemplo. Y aquí es donde entra el pensamiento de Nietzsche. Éste propone algo más sensato. Afirma que toda virtud debe ser “la propia invención de uno”, que no debe estar condicionado por factores externos a nosotros. Cada uno busca y encuentra su propia traducción de leyes morales, cada uno debe encontrar su propia verdad.
En cambio, al ser moralmente esclavos, valga decir cristianos, no hay remedio más que obedecer. Las leyes morales cristianas están basadas en el miedo a algo superior, poderoso y perfecto. Ésta moral no es más que lo que Dios quiere que hagas y lo que no. Y es, ciertamente, conforme a tu nivel de obediencia el nivel de tu recompensa. Hay sólo dos posibles salidas: el cielo y el infierno. Nuestras vidas, así, se rigen en torno a una vida póstuma, desvalorizando por completo a la vida misma.
El cristianismo no tiene como fin difundir la verdad, sino “su verdad”. Hay una gran brecha entre la verdad y lo que se cree que es la verdad. Al cristianismo no le importa si su mensaje y doctrina es realmente válida; mas sí le importa que sea verosímil ante sus seguidores. Al cristianismo le importa, tan sólo, la sumisión de las masas, por ende inculcan fe para dejar incapacitados a los partidarios cristianos de cuestionar, conocer o investigar; se trata de un largo proceso de domesticación. Es así como el camino verdadero se vuelve el camino prohibido, ya que una realidad alternativa, en este caso la verdad cristiana, es antagónica a la realidad verdadera. Así es, pues, que se mantiene dopada a la multitud bajo los efectos tónicos de la fe; de la ciega esperanza.

1 comentarios:

Aleph dijo...

La desesperanza, te lleva a creer mecánicamente o exageradamente. Sin embargo, ésta es un pecado "contra el amor a Dios".

Yo viví esa desesperanza, y también viví la victoria. Entonces, Dios ya no era importante.
No se puede pretender, y menos entender algo que no necesitas oír de fuera.
Todo depende de nosotros.
Buen argumento. :)