Voltea la cabeza
sorprendido
Pronuncia
como quien descubre
una palabra nueva
Señala con el índice
y repite
y saborea
y disfrutamos
como quien disfruta
lo que no tiene nombre
Poema
miércoles, octubre 28, 2009Publicado por Ernesto Chirif W. a las 16:58 0 comentarios
Y la muerte es
martes, octubre 27, 2009como la taza que se quiebra,
muchas veces incierta,
prematura
y con aviso previo
pero sin capacidad de respuesta.
Lo que produce ruido no es la ruptura
ni la caída;
es el golpe,
el impacto sobre la superficie
inmaculada.
Es una ida sin vuelta;
y la muerte es
para los que quedan
Publicado por Ernesto Chirif W. a las 18:11 0 comentarios
Y aún no sé
domingo, octubre 25, 2009La felicidad es una lucha constante,
y me gusta ser parte del mundo,
viviendo lejos de él.
La ironía
es a veces menester
para comprender
lo que no se puede.
El llanto
sin fundamento
es mucha veces
el más cargado de dolor,
y es irónica
la semejanza
de lo que se toca
y lo que no:
el sentimiento es como la materia,
no es posible destruirlo,
mas sí transformarlo,
tal vez en un lindo poema,
o,
tal vez,
en una bella canción.
Publicado por Ernesto Chirif W. a las 23:26 4 comentarios
A veces siento
que el pegamento que me une con el cuerpo
se desgasta.
Publicado por Ernesto Chirif W. a las 23:10 1 comentarios
Experimento: "Crónicas de un hombre invencible" - Parte 3
viernes, octubre 23, 2009Mi cuerpo se mantuvo inmóvil. Había calculado cómo llegar a estar sentado en aquella silla, pero no habría determinado cómo llevar a cabo una entrevista. Así es: la primera entrevista que jamás haya hecho. Sería monumental, y una crisis nerviosa me lo habría dejado en claro.
Luché contra el nervio, contra todo lo que pude. Imaginé que el viejo se aproximaría, seguido por los dos anchos hombres similares a macetas para asistirme o, simplemente, para echarme a patadas.
Al rato me tranquilicé y tomé las riendas con toda seguridad. Alcé la vista: el superhombre yacía quieto, en la posición donde lo había dejado, como una fiel estatua de Miguel Ángel.
-Truman Risk, empecemos.
-Ya era hora.
-Lo sé, discúlpeme.
-No se disculpe, sólo empiece. Aunque me gustaría saber su nombre antes.
-Yusded, Yusded Onel, mucho gusto.
-Lo mismo digo, bueno, ¿piensa comenzar hoy?
-Eso creo… Sr. Risk, ¿podría contestar la pregunta?, la que preguntaron antes, sé que no fue muy educado el que preguntó… pero aún así, ¿Fuiste abandonado de pequeño?, ¿Es eso cierto?
-Ya dije que no quiero hablar de ello.
-Bueno, no lo haga por usted ni por mí. La gente merece un poco de verdad.
Levantó las cejas y me miró con frialdad, con una mirada profunda, como si estuviera viendo de repente adentro mío, quién era y qué quería.
-¿Qué gente?
-La gente que lo admira y sigue… Verás, están los que quieren entenderte y ayudarte – dije levantando una mano con la palma hacia el cielo – y están los que quieren hacer de tu vida un circo que hace mucho, pero mucho dinero – levanté la otra mano de la misma manera, imitando una balanza – pregunta: ¿Cuál crees que vale más?
-Pregunta: ¿Me crees estúpido? – dijo toscamente y en tono sarcástico, estudiándome tras los pequeños lentes redondos – Diría que el primero, claro, si es que existiera. No tengo familia, no tengo amigos. No tengo a nadie que me espere en casa con un plato caliente sobre la mesa y una sonrisa cálida. No tengo con quién calentar la cama, está fría todo el tiempo… – muchas mujeres suspirarían al unísono, pensando algo parecido a: “Yo la calentaría contigo, oh, superhombre.” – Lo único que tengo es a un gato negro como la ropa que traigo puesta y, créeme, es a quien tengo más cerca. Pero, claro, el gato no habla y mucho menos… bueno, ya sabes, no hace “eso” – dijo levantando las manos y haciendo una mueca con la boca, mientras levantaba ambos hombros a la vez.
-Bueno, Truman, puedes incluirme en el primer grupo… y estoy seguro de que mucha gente se incluiría también. Truman, hay mucha gente que te admira y que quiere formar, de una forma u otra, parte de tu vida.
-Bueno, ellos no, definitivamente – dijo levantando el índice acusador en dirección a la prensa, los fotógrafos y camarógrafos, que seguían el dedo como algo celestial y comenzaban a bañarlo de luces y atención - …Y ahora probablemente saldré en primera plana diciendo algo que nunca dije con el dedo alzado.
-Truman, escúchame, realmente hay gente allá fuera que quiere ayudarte…
-Dios mío, Yusded, abre los ojos por favor. Es fácil estar en tu posición y decir que hay gente que quiere ayudar, pero vives en una realidad diferente a la mía.
-No estés tan seguro de aquello.
-¿Y eso?
-Bueno, yo hago las preguntas, Truman – dije agarrando valor – Me temo que esta entrevista es sobre ti. Ahora, ¿podrías responder la pregunta?, ¿Qué pasó en tu infancia?
-No importa mi infancia, y a la gente verdaderamente no le importa. Yusded, muchacho, si es que hay gente que conforma el grupo que según tú se preocupa por mí, ese grupo está conformado por niños fanáticos, como lo son de sus juguetes, ancianos aburridos, locos, y mujeres con algún fetiche o, mejor dicho, con un superfetiche.
-¿Vas a contarme sobre tu pasado o no?
-Hombre, ¿porqué tanta curiosidad sobre mi pasado?
-Pues porque la gente merece saber, y porque eres lo que eres gracias a tu pasado.
-Déjame adivinar… ¿psicólogo?
-Cerca, pero no. Truman, no nos desviemos del tema, por favor cuéntame.
-No.
-Es necesario, sé que duele, pero…
-No duele.
-Claro que duele. Dios mío, ¡Deja de aparentar ser invulnerable!
Los murmullos de desaprobación se desencadenaron. Las fotografías empezaron. Las cámaras me apuntaban y yo sólo deseaba no haber dicho nada, había “molestado” a la prensa, o les había dado, al menos, razones para criticarme. “¿Pero cómo que no es invulnerable, Yusded?” me dije en voz baja. El superhombre me sonríe.
-Te lo pongo así, muchacho: Me explicas porqué ansías tanto saber sobre mi pasado y, si me convences, puedes saber lo que quieras – dijo retándome.
En la yema del gusto. La prensa se alocó nuevamente, bastaron unas cuantas palabras y ahora me había convertido en el héroe del momento, que había logrado obtener la oportunidad dorada de saber el pasado del hombre invencible. “Adiós mala fama”, pensé.
-Trato hecho, Truman Risk – dije extendiendo la mano y poniéndome en pie. Él hizo lo mismo y, acto seguido, nos dimos un buen apretón de manos, sonriendo a las cámaras con las manos estrechadas en signo de mofa.
Publicado por Ernesto Chirif W. a las 8:44 1 comentarios
¡Qué sabiduría!
martes, octubre 20, 2009Un poema de Darío, y una sensación que ahora experimento:
Cuando llegues a amar, si no has amado,
sabrás que en este mundo
es el dolor más grande y más profundo
ser a un tiempo feliz y desgraciado.
Corolario: el amor es un abismo
de luz y sombra, poesía y prosa,
y en donde se hace la más cara cosa
que es reír y llorar a un tiempo mismo.
Lo peor, lo más terrible,
es que vivir sin él es imposible.
Rubén Darío
Publicado por Ernesto Chirif W. a las 13:42 0 comentarios
"El Anticristo" - Pautas en contra del cristianismo
“Se llama al cristianismo la religión de la compasión”, dice Nietzsche, y ésta no es más que, según lo que él considera, contraria al acrecentamiento de la energía vital. La compasión trae consigo más fatalidad y torna a la tragedia misma aún más grave, la multiplica y potencia; se genera un ambiente depresivo. El sentimiento de compasión limita nuestras acciones, nos debilita y sumerge en el hoyo de la decadencia, dejándonos moralmente inválidos para actuar. El sufrimiento se vuelve, también, contagioso por obra y gracia de la compasión. El dolor que se genera es absurdamente desproporcionado con respecto al que se supone debe generar la causa. En el cristianismo, como ejemplifica Nietzsche, la muerte del Nazareno representa un evento sumamente, valga decir un hito, en el cristianismo y su moral, y he aquí los pilares de dicha moral: La compasión y el sentimiento de culpa a causa de “quien murió por nosotros”. Es una carga fuerte la de asumir que alguien se sacrifica para salvarnos, y esta genera, a su vez, el sentimiento de compasión y culpa. Ambos sentimientos se tratan de unos totalmente contra-productivos. Tal vez es por esto que nos vemos obligados a tomar una moral prestada, y ser “moralmente esclavos”.
La compasión ha sido llamada una virtud, aunque en la moral aristocrática se la define como una debilidad. Asimismo, ha sido llamada la raíz y origen de toda virtud, esto, claro, desde un punto de vista totalmente pesimista, desde una filosofía nihilista cuyo lema era “la negación de la vida”. En resumen, Nietzsche define la compasión como “la práctica del nihilismo”.
Nietzsche no critica al débil mendigo, pobre o falto de recursos. Él critica al débil mental, al débil de conciencia, al débil que declina la voluntad de poder. Valga decir que la voluntad de poder puede ser tomada de modo abniguo, pero ésta no es más que el impulso vital, así como la inclinación a éste. El débil carente de inclinación hacia la volntad de poder es el que merece el derecho al repudio, ya que no se supera, no sale adelante. Lo contrario a éste criticado débil sería el denominado “superhombre”, un ser capaz de plantearse su propias normas morales.
Éste es uno de los puntos más importantes que Nietzsche critica acerca de la moral cristiana. El autor habla también de individualismo, mas no de egoísmo. Critica rotundamente las ideas morales Kantianas.
Nietzsche acepta la influencia teológica que corre por las venas de la filosofía alemana, con sus propias palabras: “El pastor protestante es el abuelo de la filosofía alemana y el protestantismo mismo es su pecado original”. Sin embargo, y tras haber afirmado esto, define al protestantismo como “la hemiplejía del cristianismo y la moral”. Cuando hablamos de hemiplejía, en sentido literal, nos referimos a la parálisis de la mitad del cuerpo.
El sacerdote católico cree ser autosuficiente, cree tener la verdad en la palma de sus manos, asumiendo estar encima de cualquier ciencia y arte.
Nietzsche critica tajantemente la moral establecida por Kant, que revolucionó el pensamiento alemán e incluso mundial. Kant fue protestante.
Kant propone, en resumen, que la virtud debe ser practicada nada más que por respeto a la “virtud”. Este no es más que un intento desesperado por universalizar la moral, así como sus conceptos prácticos. La moral no puede ser universalizada, tal vez, sí, teóricamente, mas no de forma práctica, como lo intenta el cristianismo, por ejemplo. Y aquí es donde entra el pensamiento de Nietzsche. Éste propone algo más sensato. Afirma que toda virtud debe ser “la propia invención de uno”, que no debe estar condicionado por factores externos a nosotros. Cada uno busca y encuentra su propia traducción de leyes morales, cada uno debe encontrar su propia verdad.
En cambio, al ser moralmente esclavos, valga decir cristianos, no hay remedio más que obedecer. Las leyes morales cristianas están basadas en el miedo a algo superior, poderoso y perfecto. Ésta moral no es más que lo que Dios quiere que hagas y lo que no. Y es, ciertamente, conforme a tu nivel de obediencia el nivel de tu recompensa. Hay sólo dos posibles salidas: el cielo y el infierno. Nuestras vidas, así, se rigen en torno a una vida póstuma, desvalorizando por completo a la vida misma.
El cristianismo no tiene como fin difundir la verdad, sino “su verdad”. Hay una gran brecha entre la verdad y lo que se cree que es la verdad. Al cristianismo no le importa si su mensaje y doctrina es realmente válida; mas sí le importa que sea verosímil ante sus seguidores. Al cristianismo le importa, tan sólo, la sumisión de las masas, por ende inculcan fe para dejar incapacitados a los partidarios cristianos de cuestionar, conocer o investigar; se trata de un largo proceso de domesticación. Es así como el camino verdadero se vuelve el camino prohibido, ya que una realidad alternativa, en este caso la verdad cristiana, es antagónica a la realidad verdadera. Así es, pues, que se mantiene dopada a la multitud bajo los efectos tónicos de la fe; de la ciega esperanza.
Publicado por Ernesto Chirif W. a las 9:22 1 comentarios
Experimento: "Crónicas de un hombre invencible"- Parte 2
lunes, octubre 19, 2009El viejo, con el poco pelo presente peinado para el costado derecho, lucía algo preocupado y pensativo, apoyando el mentón sobre la palma de su mano. Llevaba un saco verde bastante ecológico y una corbata de superman con un símbolo de reciclaje en el puño alzado, todo en fondo azul; camisa rosa y pantalones verdes naturaleza. Cosmar Raidel había marcado presencia en numerosos comerciales ecológicos, vestido siempre de verde y marrón, o viceversa. Apoyaba animales en extinción y era famoso por haber donado alguna vez en su vida la mitad de su fortuna en apoyo a una campaña para proteger a las ballenas azules y blancas. Cosmar tenía puestos unos anteojos con lunas gruesas, que daban un toque cómico a su cara, enfatizando los ojos grandes y saltones. Llevaba zapatos marrones de muy buena calidad y, como se pudo apreciar, medias largas y exageradas de rayas de colores.
-Bueno… ¿el público tiene alguna pregunta? – dijo el viejo indeciso alzando la vista y agudizándola.
El tumulto fue inmediato, todo yacía calmo, como un rompecabezas recién armado, hasta que el viejo aspira y sopla, agitando las piezas, alborotándolas.
El ajetreo se volvió insoportable, al igual que los codazos, las manos alzadas al cielo pidiendo la palabra y los insultos de unos contra otros. El viejo, sin saber qué hacer, alzó el índice y señaló a uno de entre la multitud.
-¡Vamos, haz la pregunta! – imploraba el anciano.
El barullo y el tumulto se tranquilizaban, las piezas volvían a su lugar nuevamente. Un tipo con casaca de cuero y jeans azules tomaba aliento antes de peguntar: -¡¿Es verdad, Truman Risk, que te abandonaron de pequeño?! ¡¿Qué pasó, como sucedió aquello?! – gritaba como acusándolo.
El humor del hombre invencible empeoró de inmediato.
-Prefiero no contestar.
-¡Pero debemos saber! ¡Queremos la verdad! – la voz del tipo resonaba por todo el salón, golpeando y rebotando contra los rincones de pared libres de gente.
-¡Hey, hombre, ya lo escuchaste!, ¡No quiere hablar de ello! Ahora déjalo en paz –decía el viejo agitando las manos, como quien ahuyenta a una mosca insistente - ¿Alguien más desea preguntar?
El viejo vuelve a soplar; las piezas se vuelven a alborotar. Periodistas neuróticos y desesperados tratando de alzar más alto la mano y de hacerse notar. Era una noticia importante, la demanda del reportaje era bastante elevada. El viejo alza la mirada y señala.
-¡Tú, muchacho, pregunta!
El barullo cesa, la multitud se calma.
Momento de preguntar.
-Bien, Cosmar, esta es va para ti.
-¿Para mí?, ¿Qué es, muchacho?
-¿Qué clase de entrevista es ésta? – pregunté tratando de lucir lo más enfadado posible.
-¿Cómo?
-Me has escuchado, ¿Qué clase de entrevista es ésta?
-¿A qué te refieres, muchacho? – el rostro del anciano comenzaba a cambiar, tanto de gesto como de color.
-Me refiero a que creí que teníamos un deber, señor: esclarecer el pasado de este aclamado personaje – dije señalando al hombre invencible – Y usted no ha esclarecido nada. Su incompetencia no tiene límites y, en lo que a mí concierne, no ha sabido llevar de buena manera esta entrevista. ¡Es una total pérdida de tiempo!
-¡¿Cómo te atreves, muchacho?! – el rostro del viejo volvía a mutar a un color rojo más intenso. Rojo pasión, como dicen.
-Pues me veo en la obligación de pecar de atrevimiento. Ha perdido usted una importante oportunidad de esclarecer un hecho en particular, uno imprescindible para cumplir el deber que mencionó.
-¡¿Y cuál es?!
-Lo que han preguntado antes que yo. Es un eslabón en el pasado de tu invitado, sin embargo has cedido a tu simpatía por él y lo has protegido censurando al público y a su curiosidad cosa que, como periodista, no debió jamás haber hecho. ¡Es importante saber de la infancia de nuestro invitado!
-¡Muchacho, si crees que puedes darme órdenes y hacerlo mejor que yo, entonces ven aquí, siéntate, y hazlo tú mismo! – dijo furioso de pie, señalando su silla y abriendo y cerrando con fuerza la dentadura postiza.
El viejo seguía rojo del enfado y con las venas de la cara hinchadas a más no poder, y todo había sido transmitido vía nacional. Yo sonreí. Había dado resultado, mi gran oportunidad habría llegado. Sin más preámbulos me abrí paso entre la multitud, en dirección a la gran mesa de caoba. El ex entrevistador pareció desconcertarse. En los últimos minutos su cara habría sido un espectáculo de gama de colores. Había pasado de normal a rojizo, de rojizo a más rojo, de más rojo a rojo pasión, de rojo pasión a rojizo y, finalmente, de rojizo a un abrupto e inmediato pálido. “Pido perdón por mi conducta impulsiva ante la audiencia” fue lo último que le oí decir al micrófono. Llegué a la mesa y el viejo se apartó de inmediato, como un gran títere controlado por alguna fuerza superior, siendo jalado por nudos y lazos invisibles. Tomé asiento en la gran y soñada silla de roble y suspiré, orgulloso y avergonzado de tal hazaña, que en serio lo era para mí.
-Discúlpeme por lo que dije, pero sólo así podría haber llegado hasta aquí – dije con un rojo avergonzado en el rostro – Es usted un excelente entrevistador, pero siento que aquí hay algo más que hacer.
-Está bien, muchacho, sólo espero que lo hagas bien, o me veré obligado a sacarte a la fuerza, y no usaré mis propias manos – volvió la mirada hacia dos tipos oscuros y anchos como macetas.
El gran icono salió de escena. Había admirado tanto a ese personaje, desde hacía tanto tiempo. El viejo se alejaba, con su camisa rosa, con su corbata de superman con ansias de reciclar y con sus verdes pantalones y su verde saco.
Volví la mirada hacia mi futuro entrevistado; me acomodé en la silla y apoyé las manos con dedos entrecruzados sobre la mesa, como alguien que está a punto de decir algo. Pero las palabras no salieron de inmediato.
Publicado por Ernesto Chirif W. a las 16:33 0 comentarios
La montaña
en lontananza.
Objetos acuden a mí,
y la montaña,
tan lejana.
Piedras rojizas,
huecas,
heridas,
vienen hacia mí,
como madre,
hogar,
en el que habito un instante,
y tan sólo un instante.
Publicado por Ernesto Chirif W. a las 16:23 0 comentarios
Como quien vive
sobre otras vidas,
sobre el pasado.
Como quien no comprende
el qué
ni el porqué.
Como quien tan sólo mira,
observa
la grandeza
de lo mínimo,
lo bello.
Y así,
sin más.
Qué placer el de mirar
hacia atrás.
Publicado por Ernesto Chirif W. a las 16:18 2 comentarios
Experimento: "Crónicas de un hombre invencible"- Parte 1
martes, octubre 13, 2009Sacó unas gafas minúsculas. El fornido personaje, ancho y largo como una fortaleza de la edad media, estiraba las patas de sus diminutos lentes de contorno plateado.
Empezó la tormenta.
Miles de miles de cámaras se alzaron al cielo, emitiendo luces cegadoras instantáneas. La lluvia cayó con fuerza, invadiendo al espécimen como se invade a King Kong al momento de exponerlo al mundo y a la prensa.
La tempestad se tranquiliza, dejando una breve garúa de una, dos, tres y hasta cuatro o cinco luces más.
La tempestad termina; ya lleva las gafas puestas.
El show termina; el telón cierra.
El show comienza; el telón abre.
Era una cuarto pequeño, o al menos esa era la sensación. Incluso el cuarto más grande se vería y sentiría pequeño al estar abarrotado de tanta gente; evitaré adjetivos.
El cuarto abarrotado de gente. Una mesa rectangular, toda de madera de caoba, al centro del salón. La gente apiñada alrededor. Al los extremos norte y sur de la mesa, cerca de ella, dos sillas grandes de roble. En las sillas, a la mano derecha, el entrevistador semejante a una pasa; a la mano izquierda, el entrevistado, semejante a lo que denominan comúnmente como superhéroe, superhombre, hombre invencible, intocable, invulnerable.
A cada extremo de la mesa, sobre ella, dos micrófonos, de esos empotrados a una base plana para posarlos en un lugar fijo y con el cuello largo y las plateadas vértebras al descubierto. Un micrófono para el entrevistador y otro para el entrevistado.
Todo listo.
El joven macizo se mantenía serio, mientras el viejo se mostraba sonriente, descubriendo dientes postizos cuidadosamente confeccionados; estaba simplemente fascinado.
El barullo general frenó en el acto al momento en el que el viejo erguía el largo cuello de su micrófono, similar al alargado cuello de un diplodocus, enderezando bien las vértebras, una por una. El ritual de iniciación había terminado: micrófono enhiesto; el silencio reinaba.
El viejo abre la boca y el silencio cierra la suya: -Muy buenas noches, televidentes, espectadores y radio fanáticos. Tenemos hoy, con nosotros, a un invitado especial. A continuación, y para seguir con el protocolo, mencionaría algunos datos biográficos de nuestro invitado pero, como deben saber, no poseemos dicha información y creemos que nadie lo hace… aún. Es por esta razón por la que hoy, querida audiencia, tenemos la importante tarea de esclarecer los hechos y de hurgar en el pasado: el pasado de un aclamado personaje, odiado por muchos y querido por otros. Con nosotros, ¡Truman Risk! – dijo extendiendo la mano en dirección al futuro entrevistado.
-Si es que ese es su verdadero nombre – dijo ignorando la presencia de algunos aplausos restantes y en dirección al público, como si el Sr. Risk no estuviera presente – Truman Risk… ¿es realmente ese tu nombre? – preguntó, girando el cuerpo, apoyando un codo sobre la mesa y mirando al invitado.
-Hasta donde tengo entendido, sí – dijo el hombre, emitiendo una voz ronca y grave, como una cuerda de contrabajo, desde su amplio tórax.
-¡Que ironía!, usted es realmente de los que se toman riesgos. Bueno, muchacho, ¿Qué me dice?, ¿Cómo ha estado?, ¿Alguna novedad?
-Vivir es mi única novedad – desvió la mirada al carné del viejo, con su foto en él – Cosmar Raidel – dijo leyendo.
-Sí, lo entiendo, entiendo… en una profesión como la suya nunca se sabe qué puede pasar, ¿no es así? – frunciendo el ceño – Y sin embargo sólo ha respondido una de mis preguntas, la…
-Y todas se resumen en una única respuesta – dijo con la mirada fría – ¿Tiene más preguntas? – preguntó levantando las pobladas cejas.
Truman Risk era un hombre bastante grande y, según muchas, bastante guapo también. Era un tipo frío y duro como el hielo cuando de sentimientos y apariencia se trata. Era un día especial, así que había soplado incansablemente para despreciar hasta el último residuo de polvo que descansaba desde hace ya mucho tiempo sobre la ropa elegante que tenía. Levaba puestos un saco negro, camisa negra y pantalones de corduroy negros. Sin mencionar el negro sombrero que traía puesto y el pañuelo color negro poco acomodado y mal doblado en la ranura izquierda del pecho del saco. Lo único que difería, hablando de color, eran las gafas con contorno plateado, las cuales destellaban débilmente en la parte superior al recibir luz artificial. También llevaba una corbata elegante, la única que tenía. La corbata era blanca y, con las luces de las cámaras, era capaz de molestar la vista, como lo hace la nieve sometida a fuertes destellos lumínicos.
-Por supuesto que tengo más preguntas, muchacho. Ese es mi trabajo – dijo serio.
-Entonces haga su trabajo y pregunte, no quiero haber venido en vano.
-No se preocupe, no se arrepentirá de haber venido, se lo aseguro – dijo confiado, como sabiendo algo más, algo inesperado – Truman, ¿hace cuánto hace lo que hace?, como se le llame. Ha sido llamado heroísmo por algunos e, incluso, superheroísmo por muchos otros.
-Honestamente no sabría cómo llamarlo… Tal vez altruismo práctico, ya que de nada sirve preocuparse y no actuar, como lo hacen los mal vistos políticos y los bien vistos mártires. ¿De qué sirven las palabras sino van acompañadas de una acción, de un verbo? – preguntó algo emocionado, como un infante recibiendo un juguete nuevo – Hago lo que hago desde pequeño, recuerdo haber protegido a algún amigo o desconocido de las sucias manos de oportunistas, dentro y fuera de nuestra burbuja escolar… ¿Sabes?, oportunistas hay demasiados, considero que ya son una raza o que, dios no lo quiera, son la evolución contra evolutiva de la raza humana. ¡Pero que dios no lo quiera!, sino estaríamos perdidos.
-Mmm… muy interesante aquello que dice. Me surgen dos interrogantes, la primera: ¿Asistió usted al colegio?
-Oh, no, no, discúlpeme, no me expresé con claridad. Dije “nuestra burbuja escolar”, ¿no es así? – preguntó haciendo un gesto de comillas con sus alargados dedos – quise decir “su burbuja escolar”. Sin embargo me vi muy familiarizado con ese ambiente. Me hice buen amigo del vigilante. Solíamos ver televisión y escuchar radio juntos. Además me dejaba entrar al colegio cuando quisiera. Así es como me enteraba un poco de lo que pasaba dentro y fuera del mundo, fuera y dentro de la burbuja. Y, bueno, defendía a los muchachos que pasaban cerca. Siempre trataba de armar diálogos y soluciones razonables y pacíficas a los problemas en mi cabeza, pero el pleito siempre terminaba con un puño bien cerrado y, segundos después, una nariz rota y una cascada de agua roja.
“Kum”, “Pow”, “Pum”, “Paf”, “Boing”, “Boom” - ¡Niños dejen de jugar así! ¡Rayos y centellas, pequeños demonios! – exclamaba una madre desesperada al otro lado de la radio, al otro lado de la ciudad.
-Ya veo – decía el viejo con la sonrisa reencarnada- Segunda interrogante: ¿Cree usted en dios?
Truman Risk echó a reír. Parecía una torre parlante y animada que se movía de un lado a otro a causa de la convulsión de la risa. Decía “disculpa” de cuando en cuando sin poder parar de reír, dejando atónita a la atenta audiencia.
-Discúlpame – dijo cambiando de cara bruscamente – Nunca me habían preguntado cosa semejante . Supongo que era porque me conocían, cuando existía gente que lo hacía… No creo en dios, Cosmar. Por lo menos no de la forma tradicional y aceptada. Creo en lo que mis manos son capaces de hacer y creo, sí, que dios es más que todo una sensación, la cual tiene cada ser humano alguna vez en su vida.
-Lo hubieras hecho bien de filósofo – reía el viejo, tan entretenido – Supongo que lo que dijo fue sólo una expresión... ¿Y que me dice de aquello?, ¿dios es una sensación?
-No sé cómo explicarlo. Supongo que lo que trato de decir es que dios está presente en un hermoso paisaje o en algo indescriptible que sentimos o experimentamos... Supongo que no soy tan frío como dicen.
Y no lo era. Gélido y duro como el hielo, pero también ablandado por recuerdos, derretido.
-La prensa puede ser malévola y totalmente prejuiciosa, Truman. Te pido perdón por eso.
-No tienes porqué.
Se hizo silencio. El superhombre decidió aterrizar a su estado original: serio y frío; cero grados.
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Publicado por Ernesto Chirif W. a las 19:11 0 comentarios