Lou Mazzaru

lunes, agosto 03, 2009



Lou Mazzari Izumi Li, un hombre rozado por muchas culturas, sin lugar a dudas.
Un personaje muy conocido, adicto al póker, mas no era conocido por jugarlo, sino por perderlo y continuar con una racha interminable.
Mazzari, de padre italiano.
Izumi, de madre japonesa.
Li, de padrastro amado como padre, hijo de inmigrante chino.
Conocido como Mazzaru que, según todos, sonaba a italiano y japonés a la vez.
Los casinos fueron un éxito rotundo en el barrio. Generaron, sin embargo, vidas monótonas y redundantes en algunos. En otros, un nuevo modo de vida innovador. Para un grupo inmensamente reducido significó fuente de dinero. Para otros, felicidad falaz y efímera. Para Lou, diversión. Sea cual fuere el resultado, él siempre decía: amor por el juego mas no por el resultado.
Mazzaru comenzó su racha perdedora tras una ganancia millonaria.
Alguna noche de noviembre, un barrigón empresario pisó el barrio por primera vez. No sólo traía consigo una gran y redonda panza, sino también “un redondo negocio entre manos”, como le dijo a un muchacho que le preguntaba que quería en este sitio.
Un mes más tarde, serían vísperas navideñas, el primer “Casino Royal” abrió sus puertas al público. Era temprano, como las doce del día. No había mucho que hacer en el barrio y la curiosidad no conocía límites en sus habitantes.
Fue un acontecimiento curioso. Nadie tenía dinero, así que la gente sólo se atrevía a ejercitar el brazo derecho con los famosos juegos de máquina de “jala la palanca y prueba tu suerte”.
Nadie tenía dinero, nadie excepto alguien. Lou fue la excepción. Al parecer, su padre biológico habría ganado la lotería y, casi instantáneamente, habría muerto tras haberse enterado de que había ganado y tras haberse llevado la sorpresa que esto traía consigo. Dicen que era muy pesimista y que no se le había cruzado por la mente que ganaría. “Un paro cardíaco”, dijeron los doctores. Imaginen cuál fue la herencia y para quién fue. Dicen que el dinero no llueve, pero para Mazzaru sí que lo hizo. Ese mismo día llovieron más de siete cifras para él, sembrando envidia por doquier.
El testamento fue claro: “Todo para mi hijo y”, decía. El padre abandonó a su esposa y a una criatura recién nacida, las acciones generan consecuencias, y muchas consecuencias generan arrepentimiento. Al parecer decía algo más en el testamento, pero una mancha de café negro amargo traído de Colombia habría vuelto indescifrable el resto del escrito.
El mismo día de su inauguración, el “Casino Royal” pereció, después de una gran partida de Mazzaru contra “el señor barrigón que inauguró el primer casino en el barrio”, como le decían. Esa partida fue la única que Lou haya ganado en su vida. Al parecer terminaron apostando el casino mismo. La gran partida terminaría a la medianoche, poco después, el barrigón regresaba a casa sin auto y sin zapatos. Dicen que vivía lejos y que la panza disminuyó después de la gran caminata.
El casino no era del gusto de Lou, así que lo mandó demoler. Sin embargo inauguraría otro justo al lado. Desde entonces se hablaría de “casinos”, en plural.
Lou era el único dueño de su casino “Lou’s”. “Mío de mí”, como solía decir mientras hacía muecas burlonas, apuntándose a sí mismo en el pecho usando el dedo índice algunas veces y toda la palma de la mano otras.
He aquí la razón de su mala racha interminable. Jugaba todas las noches en su propio casino, pero era invulnerable a cualquiera ya que, si perdía, el dinero regresaba al casino por un medio u otro. Digamos que alguien le ganó en póker, bueno, la suerte es momentánea, en algún momento habría de perder el mismo dinero en el mismo casino, retornando el mismo dinero al mismo dueño. Por eso su racha era interminable, era mala porque jugaba mal.
Nadie se metía con Mazzaru. Nadie quería deberle dinero. Corría el rumor de que Lou Mazzaru tenía apoyo de la mafia. Pero no sólo de una. “Mazzari Izumi”, decían aterrados. Se decía que tenía apoyo de ambos apellidos: la mafia Italiana y la mafia japonesa, conformada por los temidos yakuzas tatuados en todo el cuerpo. Incluso algunos presumían que había una tercera mafia de por medio: la mafia china. Toda esta cuestión del apoyo de la mafia se originó cuando un pequeño niño, de no más de metro y medio metro de alto, gritó apuntando a Lou: “¡Tiene un tatuaje de dragón en la espalda!”. Nunca lo verificamos, supongo que nunca lo sabremos.
Es así, como Mazzaru se vió cada vez más envuelto en historias de todo tipo.
Era un hombre millonario, nunca faltaban las madres que gritaban desesperadas que tenían un hijo suyo o, mejor dicho, un hijo hecho con su colaboración. Con el paso del tiempo las actuaciones maternales se hicieron cada vez menos convincentes.
Lou Mazzaru.
Su vida, lamentablemente, se resume a esto. Nadie sabía de él antes, Lou y su reputación nacieron una vez que el primer casino tuviera cimientos y fuera inaugurado.
Aún hay mucho más de qué hablar sobre el famoso Mazzaru, pero soy sólo un hombre. Soy un hombre pobre y viejo, al que le pidieron unas cuántas palabras sobre Lou, y cuya mano ya se cansó.
Lou Manzzari Li murió ya hace siete noches a causa de un tropiezo con una escalera ubicada en el barrio chino, el cual colinda con el italiano.
Nuestro barrio no es lo mismo sin él. Anoche quebró el casino, al parecer la gente se tomó en serio eso de estar de luto.
No podemos decir que murió un gran hombre, pero podemos decir que murió un gran personaje. No podemos decir que fuera un ejemplo a seguir, sin embargo resulta útil como ejemplo: “El Tío Lou, un ejemplo a no seguir.”, o "Lou, el mafioso", entre otros ejemplos, muchos otros.
Tampoco podemos decir que hubo mucha gente que lo quiso o lo admiró, pero sabemos que muchos lo extrañarán, junto con el antiguo barrio.
Podemos afirmar a ciencia cierta que la leyenda de Lou quedará siempre viva, al menos para los nietos, a la hora de dormir.

1 comentarios:

Spectro dijo...

Sip, una prueba más de que la pluma es buena cuando incansable...